No es un día más

Un alumn@ cualquiera

Hemos recibido este artículo enviado de forma anónima a editores@manifiestojrnoval.org. No tiene desperdicio, cortamos y pegamos.

Son las siete. Lo sé porque acaba de sonar el despertador, pero no ha servido para nada porque no he conseguido dormir en toda la noche: la bronca con la que acabó el día fue tan tremenda, con tantos gritos, con tanta rabia, con tanto ¿odio?, que lo único que he hecho ha sido pensar, comerme el coco y llorar, sobre todo llorar de impotencia.
Me levanto, y afortunadamente, nadie se levanta a esta hora en casa. Al entrar al baño, la visión que veo en el espejo es patética (las ojeras y el dolor de cabeza son propias de un fin de semana de doblete salvaje). Me meto en la ducha e intento que el agua fría me despierte, pero lo único que consigo es volver a pensar en los gritos y empujones de ayer, y aunque me hace reaccionar, no por ello me siento mejor.
Mierda. La hora. Llego tarde. Seguro que ya no llego antes de que Javi haya cerrado el portón y me toca firmar. Me visto a toda prisa, miro el corcho para ver las clases de hoy y comprobar que lo llevo todo (no podría soportar otra bronca por una nueva incidencia de Educamos), y salgo de casa pitando. El móvil empieza a sonar. Me manda un whatsapp. ¿Contesto? A la mierda todo. Saco un pitu y mientras tanto escribo en el móvil. Con esto ya llego tarde seguro, y voy directamente para portería. Las evasivas no funcionan y quiere saber más. Cierro la conversación porque ya estoy en la cola. ¿Para qué coño servirá todo esto? Hay gente que lleva todo el curso llegando tarde y nunca le han dicho nada.
Llego a clase. Ya están rezando. Espero en la puerta y se me unen otros dos. Cuando nos abren la puerta, pasamos y … ¡¡¡la tutora!!! No me había dado cuenta al mirar el horario que me tocaba con ella. La chapa habitual: que no hay que llegar tarde, que si van no sé cuantas en esta semana (pero de qué va, si es la primera), ….
No me entero de nada en toda la hora. Con todo lo que tengo en la cabeza, lo que menos me importa es lo que me está contando. Además, tampoco parece que a ella le importe mucho lo que yo piense. Suena el timbre. La siguiente clase no es mucho mejor, y llega el descanso. Al baño: no quiero bajar al patio y me empiecen a preguntar. Aprovecho para mandar un par de mensajes, pero no me consiguen animar.
Volvemos a clase. Noval ya está dentro. “¿Alguna pregunta?”. ¡Qué pesado! Siempre lo mismo, pero cuando ha hecho su recorrido por la clase, me ha mirado y ha puesto mala cara. ¿Por qué? Tengo los ejercicios hechos (ya me encargué de hacerlos en la particular ayer). “¿Alguien sale a hacer los ejercicios?”. Lo de siempre. Alguno saldrá al final.
De repente, me tocan en el hombro. Es Noval. Estaba en el mismo cielo que en las otras clases, pero se dio cuenta que no estaba allí, y me lleva para la parte de atrás de la clase.
– ¿Qué te pasa?.
– Nada -seguro que libro. En las clases anteriores ni se han dado cuenta de mis ojeras y que estaba pasando de todo-.
Pero no, él insiste. O hablo con él y escucho su opinión, o paso.
¿Por qué no ha pasado de mí como el resto?
¿Por qué le importa lo que piense?
¿De verdad le importa que tenga unas ojeras que me llegan a los pies?
¿Qué más da que haya estado llorando toda la noche?
¿O es que el resto de profesores ni me ha mirado a la cara?
¿Ni mi tutora ha visto que hoy pasaba algo?
 
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Ya no hay problema. Dentro de unos días volvemos a clase y si un día no he dormido, nadie se preocupará de mí. MIS PROBLEMAS Y YO ESTAMOS A SALVO.

Captura de pantalla 2014-08-22 a la(s) 13.59.43

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